miércoles, 15 de abril de 2020

Claudio Magris

Leí El Danubio el verano de 2001 entre Pula y Opatija (Istria, Croacia), la costa austrohúngara. Fui a visitar en Ljubliana (Eslovenia) a un amiguete de la universidad. Disfrutaba de una beca del ICEX; beca que en 2002 disfrutaría yo pero en Viena. El caso es que nos lo pasamos bien. Fuimos con unos marines (USA) a la costa eslovena: Pirán y Koper, muy cerca de Trieste de donde es natural Claudio Magris. Fue todo una pequeña coincidencia. No sé muy bien como fue a parar ese libro en mi maleta, y tampoco tenía pensado viajar para leer. El libro lo elegí para no leerlo, eso seguro. El caso es que era domingo, todos volvían a casa en Ljubliana y me quedé con ganas de ver más. Cogí un autobús hacia Pula, y allí me fui a un hotel, no muy lejos de la estación. Hotel Riviera se llamaba. Estaba cansado. Me quedé en la habitación, una habitación enorme, techos altos, muebles estilo Tito… Empecé a leer y no pude parar. El protagonista de la obra es el mismo Claudio Magris que hace un recorrido a lo largo del Danubio desde Donuaeschingen, donde “nace el brazo principal del Danubio”, hasta el Mar Negro. El Danubio es todo lo opuesto al Rín, cuna de la esencia germánica. Es un mosaico con una inmensa diversidad de pueblos y mezclas que buscan una identidad difusa y variable en el tiempo. Es parecido al imperio Austro-Húngaro que acabó como acabó. Un imperio que añoró toda su vida Roth. Toda ese batiburrillo de ideas, vinieron a mi cabeza en mi apartamento de la Kölblgasse en Viena en 2003, donde acabé escribiendo esto:
“HOTEL RIVIERA – PULA Acostado, dando una tregua al azul y al servicio del ducado y los imperios, casi dormido. En la mesilla el Danubio y en el rincón del dormitorio una fila de hormigas fieles a la causa de combatir la necesidad y el camino. Soñoliento, primavera de 1.919, teniente del ejército Franz Tunda, natural de Sipolje, varado en una fuga interminable a orillas del mar. Perdido y sin rumbo. Era la joven Europa.”
Franz Tunda es el protagonista de otra novela de Roth: “Die Flucht ohne Ende”/ en español “Fuga sin fin”. En la primavera de 1919, cae en la cuenta de que la Gran Guerra ha acabado. Quiere volver a Viena desde el frente en Rusia. Esa vuelta es todo una aventura. Acaba en Irkutsk, cerca del lago Baikal igual de perdido que Theodor y Lázaro.

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