miércoles, 5 de marzo de 2008

Infierno III


A WC siempre le había fascinado la relación entre víctima y verdugo. Encontraba incontables ejemplos en su día a día, en las noticias del periódico e incluso en su propio comportamiento con los demás. Tenía algo que ver con el binomio poder – servidumbre al que estaba avocada la fauna humana desde el principio de los tiempos.

Por infinitas razones, el verdugo ejercía su poder sobre la víctima a través del miedo. La víctima por otro lado procuraba aguantar las vejaciones que hicieran falta para sobrevivir. La identidad de ambos se sustentaba sobre la otra, y en cierta medida los roles eran perfectamente intercambiables en el espacio y en el tiempo. El verdugo podía pasar a ser la víctima, y la víctima el verdugo, si el poder cambiaba de manos

Dante y Fátima añadían por su propia experiencia que en tiempos de guerra la situación podría llevar a una confusión absoluta, ya que víctimas y verdugos sobrevivían en una misma persona a cada segundo, produciendo un efecto narcótico de huida sideral evidente. Fátima llegó a identificarse de tal modo con el análisis de WC, que empezó a desarrollar extensiones teóricas costumbristas al modelo inicial. Así, al amor incondicional que ella sentía hacia su marido, le acompañaba un creciente desdén de él hacia ella. Además, la sumisión de sus numerosos empleados en su puesto de comida rápida en Marsala Tita, era directamente proporcional a su mala leche con ellos (había casos en que la relación era creciente). Y así, encontró hasta 12.596 casos prácticos que evidenciaban la tesis inicial de WC. La publicación de estos casos, diez años después, supuso una revolución dentro del campo de la investigación inocua.

Dante se mostraba un tanto escéptico con todo lo relacionado con víctimas y verdugos. En escenarios experimentales (así los llamaba) como una guerra o un secuestro, la relación era interesante, pero la realidad era muy diferente. El victimismo con el propósito de alcanzar una meta, era un derivado adulterado de esa relación unidimensional. Un derivado que tendía a ejercer de verdugo, si no lograba el objetivo planteado.

Al margen de todo, y pese a quien pese, los 3 seguían adelante con su proyecto indiferencialista. En la 55ª edición del “Congreso de víctimas convertidas en verdugos” en el infierno de Tel Aviv, durante la presentación del nuevo modelo estocástico de justicia a base de bombas sobre la franja de Gaza, WC decidió (tal y como lo había planeado con sus compañeros) leer el manifiesto. Se adjunta la versión junghuá aparecida en los diarios astrales de WC.

viernes, 15 de febrero de 2008

Infierno II



Lejos de intentar justificar algo tan absurdo, el problema era cómo alcanzar un objetivo tan complejo. Dante y WC apenas tenían recursos y ganas para hacer algo que valiera la pena. Sin embargo, pronto cambiaron de opinión. En uno de sus infatigables viajes a Yugoslavia, conocieron a Fátima “Abu Mon” Karadzic en una cata de lentejas dálmatas en la isla de Vis. Por su posición estratégica, Vis estaba enteramente ocupada por el ejercito paneslavo fiel a la causa del general Andrija Raseta que ya entonces se preparaba para defender a una Dalmacia grande y libre. Las cosas estaban feas desde que los eslovenos declararan unilateralmente su independencia el 25 de junio, pero el festival de lentejas estaba por encima de las etnias, las religiones, los generales y demás genocidios por venir.

Fátima Abu Mon nació a orillas del río Neretva, cerca de la ciudad de Mostar, si bien vivió en Ispahán los mejores años de su vida. Allí puso casarse con el prestigioso psiquiátra Rado Karadzic, futuro político en estado de confusión perpetua. A su vuelta, el matrimonio Karadzic se instaló en Sarajevo, y mientras Fátima puso en plena Marsala Tita un puesto de lentejas rápidas, Rado siguió ejerciendo de psiquiatra en el hospital Josip Broz. Los días transcurrieron felices durante los 80, sin embargo desde la muerte de Tito (todos coincidían) Eslavia del Sur se deshacía definitivamente en una lucha feroz por una identidad que estaba impuesta por los pueblos. Éstos, originarios y puros, reclamaron lo que la historia y los imperios les habían privado por tantos siglos. Daba igual en definitiva quien, entre tanto, había elegido vivir en paz en esas tierras.

Rado apenas entendió desde el principio cómo era posible que la identidad de las personas pudiera proceder de algo externo: la pertenencia a un pueblo, a una raza, a una nación que nunca pudo serlo por la tiranía de un imperio,... Pronto se quedó sin clientes. Él, que había siempre tratado de comprender el laberinto desconocido del individuo a través de incontables modelos psiquiátricos, se encontraba de nuevo con lo externo: aquel ruido blanco indeseable y nacionalista que predicaba una nueva verdad divina. Pronto enfermó, y más tarde aún, cayó en las redes del partido democrático serbio, bajo la batuta de Slovodan desde Belgrado. Histriónico y paranoico mandó matar a su mujer y sus hijos en un arrebato de lealtad a la Gran Serbia. El resto es historia.

Antes de que todo esto ocurriera, Dante y WC conocieron las lentejas de Fátima, y más tarde a Fátima. No se sabe si porque los hechos transcurrieron de ese modo, o por cualquier otro motivo, los tres decidieron ponerse manos a la obra de inmediato. Fátima vivía día a día la transformación de su marido en futuro genocida. Si bien no podía intuir aún qué podría pasar, los síntomas eran claros: desaparición de cualquier tipo de dudas, expresión facial de autosuficiencia, creencia de que los imperios turco y austrohúngaro eran responsables de todo su sufrimiento, veneración a la bandera, el himno, los cantos populares y demás rituales...

Dante y WC coincidían en dos asuntos principales en esos momentos. Por un lado, las lentejas de Fátima, y no sólo las lentejas, estaban de “mira y no te menees”. Además, Italia y ahora aquellos eslavos del sur, necesitaban una buena dosis de serenidad y paz.

miércoles, 30 de enero de 2008

Infierno I




Se llamaba Dante, como aquel jugador de fútbol de la serie A italiana de los años 70, y conoció a WC en la facoltà de sciencie politiche de la universidad de Bolonia. Corría el año 1991. En las clases del profesor Ponti, los debates en torno al futuro de las instituciones democráticas en Italia eran poco más o menos que batallas campales ideológicas entre dos bandos. Los continuistas y los rupturistas, los conservadores y los progresistas, los demócrata cristianos y los socialistas, los aperturistas y los proteccionistas... en realidad daba igual de qué se discutiera. Todo era motivo de fortificar las trincheras pertinentes, y en una lucha estratégica y calculada, esperar cualquier debilidad del enemigo para atestar un golpe certero. En cierta medida, los reaccionarios conservadores podrían sentirse en minoría, dada la dilatada experiencia progresista de la universidad de Bolonia, y especialmente de su facultad de ciencias políticas.

De cualquier forma, entre los bandos y los debates de aquel seminario del prof. Ponti, sobresalía una especie rara y absurda de estudiantes indiferentes, que apenas participaba en los combates. Entre ellos se encontraban WC y Dante, que se limitaban a ver expectantes las trifulcas, las argumentaciones a favor y en contra, las tesis apasionadas, las certezas a vida o muerte,... etc de aquellos que sin ningún tipo de dudas participaban a cara de perro en los debates. El futuro era nítido y claro, y las soluciones se contaban por cientos y miles. Las instituciones italianas eran poco más o menos que prescindibles a ojos de la mayoría. En eso estaban de acuerdo ambos bandos. Así, las ideas reveladoras y efesvercentes comenzaban a tomar cuerpo, allí donde cada uno planteaba el modelo que debía sustituir al anterior.

Dante se dio cuenta en su primera clase de que ante tales dilemas existenciales e institucionales, primaba un principio básico y humano, y es que cada individuo vela por sus propios intereses. Y la discusión en torno al futuro institucional italiano era un ejemplo que coincidía en buena medida con este principio universal. De aquella idea surgió su indiferencia, y acaso su amistad con WC.

Ambos estudiantes comenzaron a labrar lo que años después fue una realidad en Italia. Tras largas dosis de silencios indiferentes y pasotismo exacerbado, los dos visionarios alcanzaron un estado de comunicación supraconsciente en el que llegaron a conclusiones futuristas sobre la raza humana que cobraban mayor significado a medida que les daba más igual el asunto.

Idearon de esta manera una ideología a seguir que tomaría el nombre de “indiferencialismo”. Ésta tendría como objetivo principal lograr que los índices de participación ciudadana en los principales comicios electorales de Italia, Europa y todo el mundo, tendieran a cero. De esta forma, la anarquía, y con ella, la autogestión llevada a su extremo más fundamental (aquel que vela porque las naciones, los pueblos, las familias,.. y demás invenciones, empiecen y acaben en un YO divino), se podrían hacer paso entre tantas llamas y tanto infierno.

jueves, 13 de diciembre de 2007

De Fukuoka a Miguelturra. Wenceslao sale disparado de Ispahán


Los gritos de Moin Ab-Dal pudieron oírse en todo el tren. Invocó a Alá y le pidió la presencia de una mujer para poder retornar a Wenceslao a sus orígenes morfológicos humanos. Moin Ab-Dal se disponía a realizar su famosa magia llamada “transformación matérica traspasando la velocidad de la luz”, origen complejo del famoso y más conocido espectáculo del “hombre bala”. Pero para ello Moin Ab-Dal no necesitaba una mujer cualquiera. Pronto entró por la puerta del compartimiento Fatima Abu Mon, conocida por ser la única mujer de todo el valle de Ispahán capaz de romper los lomos de un dromedario con su peso. Sus piernas parecían dos columnas jónicas, sus brazos eran cañones de guerra, su cuello no envidiaba al de un toro miura, pero lo más espectacular era su gigante, incomparable e ilimitado culo. La espectacular prominencia trasera de Fatima Abu Moin podía servir de mesa para una cena de diez comensales.

Moin Ab Dal levantó los faldones de Fatima Abu Mon e introdujo en su recto a modo de supositorio a Wenceslao Cardaso, ahora convertido en crisálida. Posteriormente, Moin Ab Dal colocó un tapón de corcho en el ano de Fatima Abu Mon para evitar una expulsión fortuita antes de tiempo. Una vez realizada esta operación, Moin Ab Dal abrió la ventana del compartimiento y condujo a Fatima Abu Mon junto a ella. Allí le hizo situarse de espaldas a la ventana y luego le pidió que se agachara sin doblar las rodillas para quedar en posición de “expulsión anal”. De nuevo, Moin Ab Dal le levantó los faldones dejando su trasero al descubierto y con la ayuda de cinco hombres levantaron a Fatima Abu Mon en esa posición hasta que la hicieron encajar con el marco de la ventana.

Una vez realizada esta operación, Moin Ab Dal comenzó a dar de comer a Fatima Abu Mon un potaje de legumbres hecho con los famosos garbanzos perdigoneros árabes. No se sabe a ciencia cierta – hay discrepancias según las fuentes – si Fatima Abu Mon comió 5, 10 ó 15 kilos de garbanzos. Lo que sí sabe – aquí hay unanimidad entre los diferentes escritos hallados – es que Fatima Abu Mon estuvo 3 horas y 27 minutos comiendo garbanzos perdigoneros regados con un zumo de berenjena y tomillo.

Tras esta ingesta el marco de la ventana parecía que iba a estallar en mil pedazos debido a la presión causada por el incremento volumétrico de Fatima Abu Mon. Moin Ab Dal colocó un trapo mojado en leche en la boca de Fatima Abu Mon para facilitar el proceso de metanización en el intestino grueso. Tras pasar 1 hora y 16 minutos en esa posición, con culo y boca obturados, Fatima Abu Mon guiñó con complicidad el ojo a Moin Ab Dal, dándole a entender que el momento había llegado.

Moin Ab Dal dio unas pinzas de gran longitud a un zagal que se encontraba expectante en el vagón y le ordenó a que se subiera al techo del vagón y le sacara a Fatima Abu Mon el tapón de corcho del culo desde lo alto del tren, ya que no quedaba un milímetro libre para hacerlo a través de la ventana.

Una vez realizada esta operación, Fatima Abu Mon apretó con fueza su bajo vientre para dar inicio a su flatulencia suprasónica, provocando el traqueteo brusco del tren. Aquella expulsión de gases condujo por fin a Wenceslao a una dimensión desconocida (se sabe, eso sí, que era una dimensión superior a la novena) en la que se produjo una transformación matérica celular y molecular de su ser que le hizo recuperar su forma humana. Algunas fuentes creen incluso que en ese trayecto supradimensional Wenceslao se acercó a la luna, donde quiso comprobar la estructura ignífuga de la atmósfera lunar. Fuera así o no, lo que sí es cierto es que fue así como Wenceslao Cardoso salió disparado de Ispahán.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Wen on the moon (II)

De todos es sabido que si una persona bebe agua, o cualquier otra sustancia licuosa, del interior de una huella de hombre lobo, aquella persona se convierte irremediablemente en licántropo nocturno. Wenceslao recordó esta máxima, en el momento exacto en que sus ojos repararon en aquella inmensa huella extraterrestre que ahuevaba la superficie lunar, y que no dejaba demasiadas dudas sobre su procedencia. "Esto lo ha hecho un marciano". Los habitantes de Marte no solían salir de su planeta a menudo, y cuando lo hacían es que algo no iba bien. Por la profundidad de la marca, Wenceslao dedujo que el marciano había estado un rato parado, quizás observando el paisaje, quizás esperando a que el peligro pasara. Debido al hecho que los marcianos solo tienen un pierna y el pie que la delimita es central (sin derecha ni izquierda), sumado a la erosión vertical producida por los vientos lunares, Wenceslao no se atrevió a hacer más conjeturas sobre el estado de la huella. Así que se agachó, sacó su vasotapaquealvolcarsesalenunaseriedecírculoscadaunomásgrande
queelotrounidosentresiporuntopequeconsiguedarunaprofundidad
suficienteparaformarunrecipientedignodecualquiercosmonauta
queseprecie y coge una muestra del líquido azul verdoso que se encuentra en la parte más profunda de la huella, sito en el centro de la misma, cuya medida debe rondar los 2x3,5m. Tras levantar el recipiente y mirar a trasluz el líquido contenido, Wenceslao se lo bebió de un trago esperando que el efecto fuese reversible, "Si me he de convertir en un marciano, que sea solo un ratito, que debo volver a la nave y si me hago muy grande no cabré en ella", se dijo a si mismo y al vaso, esperando que este ayudara a paliar el tiempo del efecto de conversión.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Vieja Europa III

Desesperado, tras la chuletada "on the moon" y la operación en que le fueron implantados unos nuevos testículos de PVC por el método que introdujo Moin Ab-Dal en el New York Presbyterian Hospital, Wenceslao volvió a aquello de buscarse la vida. El primer trabajo que encontró fue a través de un anuncio en el, por entonces, ilegal y reaccionario diari de la corporació catalana de comunicació, AVUI. El anuncio decía así:

"Se busca tipo calvo con bigote, de tipo fascistoide y a ser posible machista, cuatrero, chuloputas, mentecato, macho ibérico, español de los de antes (de los buenos, vaya), mayor de edad, con pito y dos cartulinas tamaño A6 (una roja y otra amarilla) ...etc para ser caricaturizado en el nuevo reglamento para lechones de la Liga de Fútbol Profesional."

Lo demás es historia...


martes, 27 de noviembre de 2007

Wen on the moon (I)

Cuando Wenceslao pisó por primera vez la luna, aún salía humo de la última fogata encendida por los blumisianos, pequeños ultracuerpos extraterrestres habitantes el planeta Blumisia, y fácilmente identificables gracias a su cuerpo multicolor y a sus antenas en forma de cornamenta renal. Naturalmente todos estos detalles los iría descubriendo Wenceslao en su serie viajera por el universo, aquel 23 de Diciembre de 1955, lo único que sabía es que acababa de llegar al satélite terrestre por naturaleza, y unos troncos requemados humeaban lenta y cadenciosamente dentro de un pequeño crater rodeado de unos cantos redondos extremadamente bien colocados. Como buen Boy Scout austrohungaro, se acercó arrastrando su cuerpo hacia la pira lunar (no conviene ser visto...). Cuando la distancia entre el fuego y su nariz era más corta que el aliento de una musaraña llegando al éxtasis sexual tras las pequeñas embestidas al cuerpo de su amante, Wenceslao alargó la mano sobre el tronco más humeante y lo agarró con delicadeza. Se lo acercó al oido mientras oetaba el horizonte vigilante de no ser descubierto. Cric, cric, cric, cric,cric...cric,cric,cric...cric...cric...cric,cric,cric,cric,cric...cric,cric,cric,...cric...cric...cric,cric,cric,cric,cric... los estallidos de la madera al abrasarse tenían una sincronización extrema, Wenceslao era consciente que de aquello saldrían conclusiones concretas sobre el tiempo de quema, el tipo de material incendiario, el tipo de combustible, la procedencia de su autor o autores, y demás datos interesantes claves para su primera investigación extraterrestre. Tras volver a mirar a su alrededor, giró su cuerpo con un movimiento rápido y con su espalda sobre el terreno , se fue arrastrando a ritmo del movimiento de sus glúteos hacia su nave espacial, ansioso como estaba por descubrir el secreto de la barbacoa lunar.