jueves, 10 de julio de 2008

La hormiga

Veo un punto negro sobre el blanco gastado de la mesa. Se desplaza con ritmo marcial; camina incesante de un punto a otro, con la mirada fija en la obligación. El café con leche arde y su aroma adormece mi pensamiento. Pero ella, inagotable, no cesa en su empeño; en su obligación, su trabajo. Con la mirada enteleda por el vapor del café, observo cómo arrastra una miga de mi tostada cinco veces mayor que ella. ¡Qué valor encomiable! Aturdido por su bravura, la chafo con mi dedo pulgar, bebo de un sorbo el café con leche y me digo que ya es hora de ir a trabajar.

viernes, 4 de julio de 2008

Tod und Mädchen

"Color transparente, olor a batalla y una tristeza maleante, a orillas del Adriático en Opatjia de arriba abajo en la Promenade Lungomare, olisqueando algo del más allá, huidizo, asustado y apenas visible, y del otro lado Ravenna sumergido en un agosto más, tranquilo y sosegado como tú y tus ojos estoicos que contemplan."

miércoles, 11 de junio de 2008

Danae

"Como una vía de tren al borde de uno mismo o aún mejor, de tus ojos centroeuropeos, nada sabe mejor que creer aunque sea en ti, entre lo que fluye y queda, a pesar de esta tarde sin el milagro de tu mirada imperial en este páramo bosnio que grita libertad."

martes, 29 de abril de 2008

Infierno V


Fátima Abu Mon fue toda su vida una figurante de película de serie B o Z, pero parecía feliz o así se engañaba. Quiso a Radovan como nadie nunca le quiso, e hizo y deshizo para verle satisfecho. Los primeros años en Sarajevo junto a su madre y hermanos fueron duros, hasta que en 1971, su tío, Dzemal Bijedic aceptó oficialmente el cargo de primer ministro de la República Federal Socialista de Yugoslavia.

Fue entonces cuando Fátima dio el gran salto a Belgrado de la mano desu tio Dzemal. Estuvo 3 años trabajando en los fogones del palacio presidencial para el mismísimo Tito. Allí conoció a Bogdana, dotada por los Dioses en el arte de cocinar lentejas dálmatas. Bogdana era alta, fea y probablemente sentimental, apenas se comunicaba con nadie más que con Fátima y tenía una mirada distante y cansada. Había luchado codo con codo junto al líder chetnik, Draza Mihajlovich, contra los ejército búlgaro y rumano de ocupación a principios de los 40, pero se equivocó de bando. Los partisanos de Tito con la ayuda soviética lucharon, resistieron y ganaron igual que los chetniks, pero éstos no lograron el ansiado poder, y los que tuvieron más suerte se conformaron con la muerte. Bogdana fue arrestada, y pasó quince largos años en los calabozos kosovares del monasterio Visoki Decani, hasta que sus manos prodigiosas en el arte culinario, fueron requeridas en el aburrido palacio presidencial del mariscal Tito.

Fátima lo aprendió todo de Bogdana, incluidos los cantos milenarios y ortodoxos de Visoki Decani. Desde un cómodo segundo plano, se limitó a escuchar las pocas palabras de su mentora y a callar todos los rumores de palacio sobre el mariscal.

A pesar de la muerte de Bijedic en 1977, Fátima, insignificante y silenciosa, siguió haciendo su trabajo de pinche de cocina. En febrero de 1979, tras la revolución islámica iraní y la caída del sha, una expedición de ayuda y cooperación socialista, partió de Belgrado a Ispahán. Tito mantenía relaciones cordiales con el líder Ruhollah Musavi Jomeini, y creía que el futuro era socialista y nacionalista. Envió una misión en la que estaban representadas todas las principales profesiones que daban gloria a la patria paneslava. En el mostrador de facturación del aeropuerto de Сурчин, Rado y Fátima se vieron por primera vez.

Rado Karadzic, en su diario federal y socialista, apunta el 21 de febrero de 1979: “Nunca hubiese imaginado tener un fantasma como guía en la ciudad blanca, y poder contemplar ciego tanta luz” Se refiere clara y nítidamente a Fátima, que en aquel viaje facturó 1.000 kg de lentejas dálmatas junto a su guarnición, además de 25.000 platos preparados de cebapcici y un saco de ajos pelados de Makarska.

jueves, 24 de abril de 2008

Infierno IV

En su crisálida, en forma de ensayos psicocircunspectos (aparecidos posteriormente en el tomo III de los diarios astrales de WC), Rado Karadzic hizo aparecer unas notas heteroterroristas acerca de la condición ambigua humana. Quizás fuera éste el comienzo, el final o más bien un punto intermedio entre el que fue psiquiatra y el futuro agitador de masas:

“Esta noche se me han aparecido el miedo y la incertidumbre en forma de puertas entreabiertas mientras dormía. Una sombra, una cara desfigurada y desconocida, un movimiento quieto y monumental,... todos me miraban y me decían: “Ven con nosotros, la patria y el pueblo te llaman, eres imprescindible... somos las puertas entreabiertas y sin ti no somos nada.”. Sabía de antemano que no puedo dormir con la puerta a medio cerrar, que me produce una rigidez irracional que duele por las mañanas. Fátima lo sabe, y la cierra a cal y canto todas las noches. La puerta entreabierta tiene un significado que me vuelve loco: por un lado, se trata de la oportunidad perdida, estática, objetiva y que me mira con cierta indiferencia, y por el otro, la que está por venir y te incita a entrar, provocadora y sensual, llena de un deseo asfixiante.

Quise contestar algo, pero apenas percibían mi mensaje. Enfrente, las puertas entornadas, insinuantes e indiferentes, me seguían explicando: “Aquí están las llaves. Úsalas para salir y entrar.” Y para qué querría unas llaves si las puertas están entreabiertas. Algo se me escapa. Todo es ambiguo. Abrir una puerta a medio cerrar con una llave forma parte de un jeroglífico sin solución. Es algo que se escapa al entendimiento: uno de tantos recodos imposibles de sortear en un laberinto. Un laberinto imaginario y tan real como el miedo que provocan infinitas puertas a medio camino entre lo visible y lo invisible.

En la mesilla de noche han amanecido unas llaves. No hay tiempo que perder. La Gran Serbia me necesita.”

Rado supo entender algo, y fracasó como tantos otros curiosos. Fátima no entendía nada sin embargo, y fracasó también. Dante y WC seguían a lo suyo: tras el discurso en Tel Aviv ante un total de 3 asistentes y medio, sabían lo mucho que tendrían que luchar por la autogestión de los seres vivos. Era cuestión de tiempo que el mensaje calara entre tanta normalidad.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Infierno III


A WC siempre le había fascinado la relación entre víctima y verdugo. Encontraba incontables ejemplos en su día a día, en las noticias del periódico e incluso en su propio comportamiento con los demás. Tenía algo que ver con el binomio poder – servidumbre al que estaba avocada la fauna humana desde el principio de los tiempos.

Por infinitas razones, el verdugo ejercía su poder sobre la víctima a través del miedo. La víctima por otro lado procuraba aguantar las vejaciones que hicieran falta para sobrevivir. La identidad de ambos se sustentaba sobre la otra, y en cierta medida los roles eran perfectamente intercambiables en el espacio y en el tiempo. El verdugo podía pasar a ser la víctima, y la víctima el verdugo, si el poder cambiaba de manos

Dante y Fátima añadían por su propia experiencia que en tiempos de guerra la situación podría llevar a una confusión absoluta, ya que víctimas y verdugos sobrevivían en una misma persona a cada segundo, produciendo un efecto narcótico de huida sideral evidente. Fátima llegó a identificarse de tal modo con el análisis de WC, que empezó a desarrollar extensiones teóricas costumbristas al modelo inicial. Así, al amor incondicional que ella sentía hacia su marido, le acompañaba un creciente desdén de él hacia ella. Además, la sumisión de sus numerosos empleados en su puesto de comida rápida en Marsala Tita, era directamente proporcional a su mala leche con ellos (había casos en que la relación era creciente). Y así, encontró hasta 12.596 casos prácticos que evidenciaban la tesis inicial de WC. La publicación de estos casos, diez años después, supuso una revolución dentro del campo de la investigación inocua.

Dante se mostraba un tanto escéptico con todo lo relacionado con víctimas y verdugos. En escenarios experimentales (así los llamaba) como una guerra o un secuestro, la relación era interesante, pero la realidad era muy diferente. El victimismo con el propósito de alcanzar una meta, era un derivado adulterado de esa relación unidimensional. Un derivado que tendía a ejercer de verdugo, si no lograba el objetivo planteado.

Al margen de todo, y pese a quien pese, los 3 seguían adelante con su proyecto indiferencialista. En la 55ª edición del “Congreso de víctimas convertidas en verdugos” en el infierno de Tel Aviv, durante la presentación del nuevo modelo estocástico de justicia a base de bombas sobre la franja de Gaza, WC decidió (tal y como lo había planeado con sus compañeros) leer el manifiesto. Se adjunta la versión junghuá aparecida en los diarios astrales de WC.

viernes, 15 de febrero de 2008

Infierno II



Lejos de intentar justificar algo tan absurdo, el problema era cómo alcanzar un objetivo tan complejo. Dante y WC apenas tenían recursos y ganas para hacer algo que valiera la pena. Sin embargo, pronto cambiaron de opinión. En uno de sus infatigables viajes a Yugoslavia, conocieron a Fátima “Abu Mon” Karadzic en una cata de lentejas dálmatas en la isla de Vis. Por su posición estratégica, Vis estaba enteramente ocupada por el ejercito paneslavo fiel a la causa del general Andrija Raseta que ya entonces se preparaba para defender a una Dalmacia grande y libre. Las cosas estaban feas desde que los eslovenos declararan unilateralmente su independencia el 25 de junio, pero el festival de lentejas estaba por encima de las etnias, las religiones, los generales y demás genocidios por venir.

Fátima Abu Mon nació a orillas del río Neretva, cerca de la ciudad de Mostar, si bien vivió en Ispahán los mejores años de su vida. Allí puso casarse con el prestigioso psiquiátra Rado Karadzic, futuro político en estado de confusión perpetua. A su vuelta, el matrimonio Karadzic se instaló en Sarajevo, y mientras Fátima puso en plena Marsala Tita un puesto de lentejas rápidas, Rado siguió ejerciendo de psiquiatra en el hospital Josip Broz. Los días transcurrieron felices durante los 80, sin embargo desde la muerte de Tito (todos coincidían) Eslavia del Sur se deshacía definitivamente en una lucha feroz por una identidad que estaba impuesta por los pueblos. Éstos, originarios y puros, reclamaron lo que la historia y los imperios les habían privado por tantos siglos. Daba igual en definitiva quien, entre tanto, había elegido vivir en paz en esas tierras.

Rado apenas entendió desde el principio cómo era posible que la identidad de las personas pudiera proceder de algo externo: la pertenencia a un pueblo, a una raza, a una nación que nunca pudo serlo por la tiranía de un imperio,... Pronto se quedó sin clientes. Él, que había siempre tratado de comprender el laberinto desconocido del individuo a través de incontables modelos psiquiátricos, se encontraba de nuevo con lo externo: aquel ruido blanco indeseable y nacionalista que predicaba una nueva verdad divina. Pronto enfermó, y más tarde aún, cayó en las redes del partido democrático serbio, bajo la batuta de Slovodan desde Belgrado. Histriónico y paranoico mandó matar a su mujer y sus hijos en un arrebato de lealtad a la Gran Serbia. El resto es historia.

Antes de que todo esto ocurriera, Dante y WC conocieron las lentejas de Fátima, y más tarde a Fátima. No se sabe si porque los hechos transcurrieron de ese modo, o por cualquier otro motivo, los tres decidieron ponerse manos a la obra de inmediato. Fátima vivía día a día la transformación de su marido en futuro genocida. Si bien no podía intuir aún qué podría pasar, los síntomas eran claros: desaparición de cualquier tipo de dudas, expresión facial de autosuficiencia, creencia de que los imperios turco y austrohúngaro eran responsables de todo su sufrimiento, veneración a la bandera, el himno, los cantos populares y demás rituales...

Dante y WC coincidían en dos asuntos principales en esos momentos. Por un lado, las lentejas de Fátima, y no sólo las lentejas, estaban de “mira y no te menees”. Además, Italia y ahora aquellos eslavos del sur, necesitaban una buena dosis de serenidad y paz.