Los gritos de Moin Ab-Dal pudieron oírse en todo el tren. Invocó a Alá y le pidió la presencia de una mujer para poder retornar a Wenceslao a sus orígenes morfológicos humanos. Moin Ab-Dal se disponía a realizar su famosa magia llamada “transformación matérica traspasando la velocidad de la luz”, origen complejo del famoso y más conocido espectáculo del “hombre bala”. Pero para ello Moin Ab-Dal no necesitaba una mujer cualquiera. Pronto entró por la puerta del compartimiento Fatima Abu Mon, conocida por ser la única mujer de todo el valle de Ispahán capaz de romper los lomos de un dromedario con su peso. Sus piernas parecían dos columnas jónicas, sus brazos eran cañones de guerra, su cuello no envidiaba al de un toro miura, pero lo más espectacular era su gigante, incomparable e ilimitado culo. La espectacular prominencia trasera de Fatima Abu Moin podía servir de mesa para una cena de diez comensales.
Moin Ab Dal levantó los faldones de Fatima Abu Mon e introdujo en su recto a modo de supositorio a Wenceslao Cardaso, ahora convertido en crisálida. Posteriormente, Moin Ab Dal colocó un tapón de corcho en el ano de Fatima Abu Mon para evitar una expulsión fortuita antes de tiempo. Una vez realizada esta operación, Moin Ab Dal abrió la ventana del compartimiento y condujo a Fatima Abu Mon junto a ella. Allí le hizo situarse de espaldas a la ventana y luego le pidió que se agachara sin doblar las rodillas para quedar en posición de “expulsión anal”. De nuevo, Moin Ab Dal le levantó los faldones dejando su trasero al descubierto y con la ayuda de cinco hombres levantaron a Fatima Abu Mon en esa posición hasta que la hicieron encajar con el marco de la ventana.
Una vez realizada esta operación, Moin Ab Dal comenzó a dar de comer a Fatima Abu Mon un potaje de legumbres hecho con los famosos garbanzos perdigoneros árabes. No se sabe a ciencia cierta – hay discrepancias según las fuentes – si Fatima Abu Mon comió 5, 10 ó 15 kilos de garbanzos. Lo que sí sabe – aquí hay unanimidad entre los diferentes escritos hallados – es que Fatima Abu Mon estuvo 3 horas y 27 minutos comiendo garbanzos perdigoneros regados con un zumo de berenjena y tomillo.
Tras esta ingesta el marco de la ventana parecía que iba a estallar en mil pedazos debido a la presión causada por el incremento volumétrico de Fatima Abu Mon. Moin Ab Dal colocó un trapo mojado en leche en la boca de Fatima Abu Mon para facilitar el proceso de metanización en el intestino grueso. Tras pasar 1 hora y 16 minutos en esa posición, con culo y boca obturados, Fatima Abu Mon guiñó con complicidad el ojo a Moin Ab Dal, dándole a entender que el momento había llegado.
Moin Ab Dal dio unas pinzas de gran longitud a un zagal que se encontraba expectante en el vagón y le ordenó a que se subiera al techo del vagón y le sacara a Fatima Abu Mon el tapón de corcho del culo desde lo alto del tren, ya que no quedaba un milímetro libre para hacerlo a través de la ventana.
Una vez realizada esta operación, Fatima Abu Mon apretó con fueza su bajo vientre para dar inicio a su flatulencia suprasónica, provocando el traqueteo brusco del tren. Aquella expulsión de gases condujo por fin a Wenceslao a una dimensión desconocida (se sabe, eso sí, que era una dimensión superior a la novena) en la que se produjo una transformación matérica celular y molecular de su ser que le hizo recuperar su forma humana. Algunas fuentes creen incluso que en ese trayecto supradimensional Wenceslao se acercó a la luna, donde quiso comprobar la estructura ignífuga de la atmósfera lunar. Fuera así o no, lo que sí es cierto es que fue así como Wenceslao Cardoso salió disparado de Ispahán.
Moin Ab Dal levantó los faldones de Fatima Abu Mon e introdujo en su recto a modo de supositorio a Wenceslao Cardaso, ahora convertido en crisálida. Posteriormente, Moin Ab Dal colocó un tapón de corcho en el ano de Fatima Abu Mon para evitar una expulsión fortuita antes de tiempo. Una vez realizada esta operación, Moin Ab Dal abrió la ventana del compartimiento y condujo a Fatima Abu Mon junto a ella. Allí le hizo situarse de espaldas a la ventana y luego le pidió que se agachara sin doblar las rodillas para quedar en posición de “expulsión anal”. De nuevo, Moin Ab Dal le levantó los faldones dejando su trasero al descubierto y con la ayuda de cinco hombres levantaron a Fatima Abu Mon en esa posición hasta que la hicieron encajar con el marco de la ventana.
Una vez realizada esta operación, Moin Ab Dal comenzó a dar de comer a Fatima Abu Mon un potaje de legumbres hecho con los famosos garbanzos perdigoneros árabes. No se sabe a ciencia cierta – hay discrepancias según las fuentes – si Fatima Abu Mon comió 5, 10 ó 15 kilos de garbanzos. Lo que sí sabe – aquí hay unanimidad entre los diferentes escritos hallados – es que Fatima Abu Mon estuvo 3 horas y 27 minutos comiendo garbanzos perdigoneros regados con un zumo de berenjena y tomillo.
Tras esta ingesta el marco de la ventana parecía que iba a estallar en mil pedazos debido a la presión causada por el incremento volumétrico de Fatima Abu Mon. Moin Ab Dal colocó un trapo mojado en leche en la boca de Fatima Abu Mon para facilitar el proceso de metanización en el intestino grueso. Tras pasar 1 hora y 16 minutos en esa posición, con culo y boca obturados, Fatima Abu Mon guiñó con complicidad el ojo a Moin Ab Dal, dándole a entender que el momento había llegado.
Moin Ab Dal dio unas pinzas de gran longitud a un zagal que se encontraba expectante en el vagón y le ordenó a que se subiera al techo del vagón y le sacara a Fatima Abu Mon el tapón de corcho del culo desde lo alto del tren, ya que no quedaba un milímetro libre para hacerlo a través de la ventana.
Una vez realizada esta operación, Fatima Abu Mon apretó con fueza su bajo vientre para dar inicio a su flatulencia suprasónica, provocando el traqueteo brusco del tren. Aquella expulsión de gases condujo por fin a Wenceslao a una dimensión desconocida (se sabe, eso sí, que era una dimensión superior a la novena) en la que se produjo una transformación matérica celular y molecular de su ser que le hizo recuperar su forma humana. Algunas fuentes creen incluso que en ese trayecto supradimensional Wenceslao se acercó a la luna, donde quiso comprobar la estructura ignífuga de la atmósfera lunar. Fuera así o no, lo que sí es cierto es que fue así como Wenceslao Cardoso salió disparado de Ispahán.
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